Wealthy Arabs buy up Sarajevo

Árabes ricos compran Sarajevo

Por Pieter Stockmans
Sarajevo está grabada en la memoria colectiva como una ciudad de guerra. Veinte años después del acuerdo de paz de Bosnia y Herzegovina, las verdes colinas que rodean la ciudad se están convirtiendo en urbanizaciones cerradas para turistas árabes. El espacio público está o bien olvidado o bien privatizado y comercializado. Una nueva generación está plantando las semillas del cambio.
Frente al nuevo centro comercial de la ciudad, están escritos en un monumento en la plaza los nombres de 1.601 niños. Fueron asesinados durante el asedio de Sarajevo a principios de la década de 1990, junto a otras 9.940 personas. Después de la guerra, la ciudad se desarrolló de acuerdo al modelo de privatizaciones e inversiones extranjeras.
Bosnia y Herzegovina es un Estado democrático constitucional solo sobre el papel. En realidad, es una oligarquía donde los políticos se enriquecen. El 18% de la población vive por debajo de la línea de pobreza. Solo se dedica el 1% del PIB a gastos de seguridad social (la media de la UE es del 30%) mientras que el 62% de los jóvenes están desempleados.
Naturaleza y ciudad combinadas
Por cinco euros y en cuestión de diez minutos, un taxi te lleva desde el ajetreado centro de una de las ciudades más contaminadas de Europa a un entorno natural inmaculado, con valles verdes, flores, árboles frutales y aire limpio. En esta postal hay un Audi con matrícula kuwaití.
El conductor, que lleva traje y gafas de sol, está en pose de guardia. Un hombre sale del coche y mira hacia el valle, la visión que los serbios bosnios debieron contemplar cuando disparaban una media de 329 bombas y morteros al día en Sarajevo.
“El futuro está próximo”, dice el hombre. “En Sarajevo encuentras paz, naturaleza y ciudad todo en uno”.

Un inversor de Kuwait echa un vistazo a las tierras donde se construirá Saraya Resort, hoy naturaleza inmaculada. © Pieter Stockmans

Hace tres días, Kuwait registró una temperatura récord de 54 grados Celsius. El hombre quiere un lugar para refrescarse, pero sobre todo para invertir su dinero en un lugar seguro. Está a punto de invertir en Caphy Contracting, una compañía especializada en construir residencias de vacaciones en Abu Dabi.
En cuanto los obreros terminen su trabajo, Saraya Resort será territorio prohibido para ellos. Nadie tendrá permitido entrar en el territorio sin un pase especial. Los clientes de Caphy no comprarán en los supermercados locales, sino en un centro comercial en el resort. Podrán encargar chóferes, limpiadoras y amas de llaves en la recepción, igual que en el Golfo.
Los aldeanos se sorprenden cuando ven el coche con ventanas tintadas conducir por las estrechas carreteras de montaña. La propiedad se encuentra en el municipio de Stari Grad (Antigua Ciudad) que va del centro de la ciudad en el valle hasta las Colinas verdes en que solo hay unos pocos hogares encantadores dispersos.
Dentro de unos pocos años, 64.000 metros cuadrados de esta pradera inmaculada se transformarán en el sueño capitalista, con 90 residencias de vacaciones y pisos, aislados del entorno.
“Donde la naturaleza y la vida se juntan”, reza una presentación en la sala de muestras de la empresa. Las inmobiliarias de los Estados del Golfo atraen a clientes con la promesa de la naturaleza idílica de Sarajevo. “Por cada árbol que talamos, plantamos dos” dice Dunja Jerković, directora de la oficina de la empresa en Sarajevo.
Pero la cosa no acaba ahí, según Rijad Tikvesa, director de la ONG medioambiental Ekotim: “He visto muchas licencias de obra, pero ni un solo informe de impacto medioambiental. ¿Cuánta tierra se moverá, con el riesgo de flujos de lodo durante las tormentas?”
“Hace dos años, los caminos desaparecieron con el hundimiento de tierra. ¿El agua de la lluvia seguirá llenando nuestras reservas de agua subterránea cuando el asfalto cubra la tierra? ¿Dónde arrojarán las tuberías las aguas residuales? Gran parte de las aguas residuales de la ciudad ya desembocan en el río Bosna. ¿Usarán el dinero de los impuestos para conectar esas urbanizaciones cerradas con la infraestructura pública?”
Caphy Contracting es parte de la primera oleada. Estas start-ups acaban de descubrir el oro de Sarajevo, como da testimonio la sala de muestras vacía. Los efectos a largo plazo en la ciudad aún no son visibles, pero en un país destacado por su entrelazamiento de la política y los negocios, parece que las colinas que rodean Sarajevo van a cambiar hasta quedar irreconocibles.
La propia Jerković está preocupada: “Según el urbanismo espacial de la ciudad, estamos en el límite del espacio edificable. Espero, por el futuro de nuestros niños, que nuestro gobierno no cambie los planes”.
Según Tikvesa, es una esperanza vacía: “Los pequeños municipios están autorizados a conceder licencias de obra a grandes empresas árabes. La tentación de transformar el destino de las tierras naturales o agricultoras en espacio edificable, es grande”.

Limpiar las colinas

Dunja Jerković tiene dos niños. Cuando buscaba trabajo, y cuando lo encontró, no podía permitirse pensar en sostenibilidad. También Jasmina, una arquitecta en Al-Diyar, la empresa kuwaití que ayudará a construir Saraya Resort, se emocionó cuando la empresa la contrató. “Estuve buscando trabajo durante cinco años”, dice. “Ahora tengo un salario decente y un mayor nivel de protección social comparado con los empleados de las empresas bosnias”.
El director Abdullah Al-Kulaib, un extravagante hombre de 34 años, le echa un vistazo a su resort Ilidža Pearl, apenas dos años después de instalarse en Sarajevo.

“¿Ves esa colina ahí arriba?”, pregunta Al-Kulaib. “Aún tenemos que limpiarla”. Un poco más abajo del camino, las ruidosas excavadoras ya han “limpiado” las colinas: han revuelto la tierra, despejado los bosques, sentado las bases y construido las casas.
Al-Diyar emplea a cerca de cien bosnios. “Diseñamos y construimos nuestros paisajes, cases y muebles nosotros mismos”, dice Al-Kulaib. “En esa casa de allí alojaremos a tres familias bosnias pobres, tendrán trabajo como limpiadores, guardeses y jardineros”.
Es la hora del almuerzo en el área en construcción: obreros con monos polvorientos esperan en fila para la distribución de comida. Jasmina llega corriendo desde el taller de PVC. “Abdullah, quiero enseñarte algo”, exclama con entusiasmo. “Ya han entregado las baldosas de cerámica, una combinación de elementos modernos y tradicionales bosnios”. A Al-Kulaib le parece fantástico.
Los costes laborales en Bosnia son bajos y la tierra es barata. Al-Diyar compró parcelas a diferentes familias bosnias. “Algunos propietarios me dieron dolor de cabeza”, ríe Al-Kulaib. “Los hijos que vendían las tierras de sus difuntos padres vivían dispersos por toda Serbia, Austria y Bosnia. Y cuando finalmente los reunimos, apenas estaban de acuerdo”.
La Agencia de Promoción de la Inversión Extranjera (conocida como FIPA) del Estado federal ayuda a los inversores en sus contactos con los municipios, que a su vez ayudan a encontrar a los terratenientes. “También les guiamos a través del laberinto de la burocracia bosnia”, dice Slavica Korica, de la FIPA.
Ese laberinto obstaculiza la libertad de los jóvenes bosnios para hacer negocios: el país está clasificado en el número 175 de la lista del Banco Mundial sobre facilidad para hacer negocios.
“Los inversores ricos pueden acelerar el proceso pagando dinero bajo la mesa a los políticos locales”, dice Lejla Ibranović, directora de Transparency International en Bosnia y Herzegovina. “Los representantes del Estado bosnio están implicados en los negocios. Hay una ausencia total de un Estado regulador. Los partidos políticos son las instituciones más corruptas de este país. Los políticos de alto rango abusan de sus cargos para beneficiar a sus familias, amigos, compañeros de partido, inversores, etc. El fiscal del Estado apenas persigue los casos de corrupción dentro del gobierno, porque los partidos controlan el poder judicial”.
Elmedin Konaković, el primer ministro del cantón de Sarajevo, rechazó hablar con nosotros.
El presidente Bakir Izetbegović tiene buenos vínculos con varios inversores. “Hace unas pocas semanas, un grupo de inversores de Europa y el Golfo se reunió con el presidente”, dice Al-Kulaib. “Propusimos abrir una línea aérea directa entre Kuwait y Sarajevo”.
Cada semana, 29 vuelos directos salen de las Emiratos hasta Sarajevo, pero a Kuwait solo puede llegarse desde Estambul.
“Hasta hace cinco años, Bosnia era desconocida para la mayoría de árabes del Golfo”, dice la analista Asja Hadziefendić en su oficina llena de humo en el Departamento de Turismo. “Desde el comienzo de los levantamientos árabes, ahora buscan nuevos destinos”.
Según Hadziefendić, están sucediendo muchas cosas en la zona gris, puesto que, según la ley bosnia, los árabes del Golfo no tienen permitido poseer propiedades en Bosnia.
“Así llegamos a un arrendamiento a 99 años con nuestros clientes”, dice Al-Kulaib. “Le pedí al embajador bosnio en Kuwait que permitiera a los kuwaitíes poseer tierras en Bosnia. Desde la semana pasada, también promocionamos nuestros inmuebles entre la diáspora bosnia”. En la terraza del ático de uno de los apartamentos de lujo, Rijad Sinyora, la ayudante de Al-Kulaib, deja volar su imaginación: “Imagínate sentarte aquí al atardecer con una taza de café y el narguile. En invierno puedes esquiar por la mañana, nadar en los baños termales al mediodía y disfrutar de una deliciosa comida por la tarde”.
De adolescente, Sinyora vivió el asedio a Sarajevo. Durante ese mismo tiempo, Al-Kulaib estaba recaudando fondos para Sarajevo en la universidad. Hoy sus caminos se cruzan.
El traumatizado empleado bosnio salta al arca para protegerse de la tormenta que aplasta a los más débiles; sabe que en este país solo sobreviven los fuertes. El alegre patrón árabe hace lo que se le da mejor: especula, invierte y construye. “Algunos clientes construyen una casa y la mantienen hasta que suben los precios, para revenderla más adelante. Una inversión”, dice.

A los pies de las colinas se halla la villa bosnia de Blazuj. Una mujer conduce sus ovejas hacia los campos. Su sustento personal le cuesta casi el doble que el salario medio mensual bosnio de 300 euros. Mira al círculo con forma de U de los apartamentos de lujo, que Al-Diyar inaugura para gente con un salario mensual de 3.500 euros, la clase media-baja del Golfo.
También ve una valla. Más tarde, llegan los sistemas de cámaras y alarmas, conectados a la policía local de Ilidža.
 

Este reportaje se publicó en la revista MO*. Puedes leer el reportaje completo en inglés aquí.

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