Una dolorosa lección del Brexit: por qué DiEM25 necesita un mensaje más simple

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Desde hace años, las señales han estado a vista de todos. El Tea Party en los Estados Unidos. Amanecer Dorado en Grecia. La Alternatif für Deutschland. El auge inexorable de UKIP en el Reino Unido. Etcétera, etcétera. Vimos esas señales. Analizamos sus causas históricas y políticas. Desarrollamos un relato cosmopolita de cómo “otra” Europa, “otro” mundo, era posible.

Pero, imperdonablemente, echamos a perder el hecho más importante de esta situación: que aquellos en la escala social más baja están siendo consumidos por el Profundo Descontento, que no les deja ánimo para la complejidad: no tienen tiempo para análisis complejos y sofisticados, ni para agendas políticas idealistas.

Allá donde fallamos, la derecha triunfó: los derechistas encontraron la manera de explotar el Profundo Descontento. Y su solución fue bien simple:

¡La simplicidad! Lo que la derecha nacionalista y nativista ofrece es justamente eso: SIMPLICIDAD

Millones de obreros americanos sienten que están destinados al desguace, que son rechazados, menospreciados, ignorados. Hemos visto cómo no necesitan más que un gran saludo con la mano de Trump para imaginar que es posible librarse de todo aquello que les presiona y volver a soñar con el futuro. Es totalmente comprensible que desean esa esperanza, y que se unirán a cualquiera que les diga que la va a devolver con una simple frase:

¡RECUPERAD EL CONTROL DE VUESTRO PAÍS!

¡HACED QUE AMÉRICA VUELVA A SER GRANDE!

En una época saturada por los medios, esa especie de eslogan se pega como la mierda a un zapato… mientras el barullo de nosotros, los liberales, los demócratas, los marxistas, los utópicos, etc. es demasiado vago y demasiado relativo.

Las cosas se han vuelto tan malas para el estrato más bajo de la sociedad que se sienten libres en el sentido de Janis Joplin y Nikos Kazantzakis: Libertad es solo otra palabra para “nada que perder”. De hecho, están preparados para perder todo lo que les queda si, en el proceso, pueden expresar su ira votando a alguien que moleste a aquellos a quienes consideran responsables de su pérdida de control.

Sí, claro que es una revolución, pero no como la imaginamos, no como la que deseamos, ideamos ni una en que sepamos cómo movernos.

Los hechos son simples, pero nunca se han expuesto de forma simple: en las últimas tres décadas, el 80% de la gente está siendo arruinada el 95% del tiempo por el 20% más poderoso de la sociedad. Desde mediados de los 70, tras el fin de la primera fase capitalista de posguerra (con el colapso del sistema de Bretton Woods, inspirado en el New Deal), aquellos que dependían de sus salarios para vivir cayeron de la escalera social. La mayoría de beneficios de la tecnología, la productividad, la globalización, se han quedado entre el 1% más poderoso y no deja nada para el 80% más bajo. La gente puede soportar la pobreza, pero no la humillación: no soportan que les restrieguen su pobreza en las narices eso tipos en sus yates, en sus clubs de golf y en sus Mercedes Benzs, que les dicen que su pobreza es merecida.

Peor todavía, todos los partidos convencionales apenas ofrecen ligeras variaciones del sistema que le ha fallado a este 80% de la gente. Necesitamos ser mucho más radicales que eso para alejarles de las sirenas de la derecha xenofóbica.

¿Qué podemos hacer para llegar a estas personas? Ellos son los obreros, los soldados rasos, y necesitamos su energía y su ira. Pero han sido congregados por estos bufones letales de la derecha como Boris Johnson, Marine Le Pen, Nigel Farage y Donald Trump, quienes dirigen su legítima ira hacia el blanco incorrecto.

¿Cómo podemos volver a llegar a estas personas?

Por ahora, es una pregunta abierta. No es una pregunta que se pueda contestar a la ligera o con prisas. El Brexit debería darnos una pausa.

Una cosa que está clara es que DiEM25 es ahora más importante que nunca. Nuestro mensaje desde el principio fue simple: ¡La Unión Europea será democratizada o se desintegrará! El Brexit ha demostrado que teníamos razón.

Pero nuestro mensaje debe simplificarse aún más.

Necesitamos explicar exactamente qué entendemos por democratización.

Necesitamos explicar a aquellos atraídos por la simplicidad trumpiana/brexiteriana por qué democratizar Europa es tan importante para ellos.

Necesitamos oponernos a la simplicidad trumpiana/brexiteriana con nuestro propio mensaje simple (pero sin caer en simplezas)

En resumen, necesitamos oponer la simplicidad progresista contra la sobresimplificación retrógrada.

Pero, como todos sabemos, la simplicidad requiere un montón de trabajo (y a menudo, complejo).

Pongámonos a ello.
Brian Eno y Yanis Varoufakis

 

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