Carencia de convicciones políticas, desesperación social, y círculos viciosos

Internet parece ser un lugar que facilita mantener un diálogo libre y abierto, mientras que la verdad es que a menudo suele resultar lo contrario. Se crea y se promociona contenido de tal manera que no se preste a debate, sólo para que sus autores puedan autoafirmarse sin tener que dialogar con los demás. Los debates liberales occidentales en internet consiguen este objetivo gracias a la llamada “cultura de la cancelación”, que promociona la exclusión, la censura y el linchamiento público de las voces disidentes, afirmándose y reafirmándose peligrosamente.

Ocasionalmente, el neoliberalismo se percibe como una doctrina ideológica o como un conjunto homogéneo de conocimiento especulativo, es decir, como una fase de política económica del capitalismo. Me parece que estas dos presunciones son falsas. El neoliberalismo no es un conjunto coherente de conocimiento, y tampoco es una práctica político-económica con una orientación definida; en lugar de esto, consiste en una estrategia y tácticas aplicadas a las relaciones dominantes internas del capitalismo. Nunca tuvo una forma pura y homogénea, al contrario: su grado de heterogeneidad es tal que le convierte en amorfo, resulta ser todo y nada a la vez. Pregona la lucha del capitalismo contra el Estado sólo para permitir que los monopolios capitalistas se sirvan de los poderes del Estado para continuar asegurando la transferencia de la riqueza desde la clase trabajadora hacia el 1% de la población más privilegiada.

Insiste en el discurso del libre mercado pero usa el poder legal y militar para bloquear, sancionar, atacar, y destruir a sus adversarios. Proclama la libertad como valor supremo pero se asegura de que los medios de comunicación y el debate público estén rigurosamente controlados, reivindicando la censura a los discursos disidentes, privatizando el espacio público y promoviendo regímenes fascistas, monarquías sangrientas y dictaduras que obedezcan a sus intereses. El neoliberalismo es una táctica de dominación y control social que utiliza masivamente la guerra cultural, reescribiendo de este modo la historia, cambiando la percepción de la realidad, controlando los relatos sociales, moldeando el comportamiento social, y destruyendo la memoria cultural.

Mientras las condiciones socioeconómicas empeoran y por ello aumenta la desesperación social, las tácticas neoliberales, mejor conocidas en su nivel económico, requieren tácticas complementarias para poder imponerse como parte de una estrategia más amplia. La dominación cultural no fue la consecuencia directa del éxito de las estrategias político económicas, que de hecho simbolizan para la mayoría de la gente el deterioro incesante de sus condiciones de vida. La estrategia complementaria que necesitó el neoliberalismo para lograrla es la imposición del concepto de postmodernidad, que simboliza un tipo de neoliberalismo social y reivindica un aspecto de esta dominación cultural. La relativización universal se consiguió poniendo en práctica toda una serie de tácticas subordinadas. La noción de fin de la historia, describiendo al capitalismo como la cumbre y fase definitiva de la organización de la sociedad, sólo pudo ser impuesta dejando lugar a la carencia de ideales políticos y a la falta de fundamentos teóricos, que provocaron luego la amnesia cultural.

Generación tras generación nos hemos criado poniendo en duda la posibilidad de cualquier cambio social, mientras cualquier intento de acción política era desacreditado y censurado previamente. La política fue asociada con los negocios, la corrupción, la búsqueda de beneficios personales, etc. La vida cotidiana se vio sintetizada en las relaciones entre políticos. “Ellos” tienen el lugar que les corresponde, y “nosotros” el nuestro. Esta percepción apolítica nos llevó a la despolitización, lo que dejó al pueblo indignado y consternado. Se derrumbó la realidad social y pareció que se convertía en una simple combinación de individuos aislados y desorganizados. Cualquier cambio sólo podía existir y realizarse a nivel individual, concretamente en la percepción de los individuos. Fue sustituido el cambio social resultado de la acción política, por la percepción subjetiva del mundo y su interpretación. Pero este mundo se refería al mundo interior que pertenece a la subjetividad de cada individuo. Mientras las élites capitalistas propagaban una guerra clasista contra el pueblo a nivel mundial, los intelectuales occidentales apoyaban la derrota de la lucha de clases, que acabó siendo odiada y aniquilada por los líderes de los movimientos sociales.

La única lucha posible era la del individuo. La minoría absoluta de la elite capitalista impone su voluntad sobre la mayoría dividiéndola políticamente e imponiéndole su dominio ideológico. Para la mayor parte de la gente, la única posibilidad de definir su propia identidad era la auto-identificación con una faceta (o varias pequeñas singularidades) de su propia individualidad. Este precepto, que ha sido siempre una clave fundamental del racismo, del chauvinismo, y del despotismo religioso, se convertía en este mismo momento en el único método de lucha social, ahora reinventada bajo la denominación de “políticas identitarias”. La irracionalidad alcanzó niveles inauditos. La guerra contra grupos políticos y sociales instituía categorías conceptuales mientras pretendía erradicar cualquier tipo de categorización. Además de ser divididas, las masas perdieron cualquier tipo de representación intelectual o artística, y hasta pasaron de ser manipulados por las elites a serlo por los intelectuales occidentales.

Tal era el panorama cuando surgieron discursos como el de Jordan Peterson. Mientras tanto, las luchas de izquierda eran sustituidas por el lavado de cerebros liberal, y la emancipación de los seres humanos tratando de lograr su reconocimiento como un valor universal, era sustituida por el contrasentido de la emancipación identitaria, que ahora mismo sigue existiendo bajo el disfraz del autoproclamado movimiento “Woke”.

Las condiciones sistémicas dejaron de regir el mundo, no fueron sustituidas por otras, sino que se postuló que no las había. Mientras la vida de miles de millones de personas, el 99% de la población mundial, sufre y es amenazada ante todo por las circunstancias en las que viven, los intelectuales occidentales les impusieron las luchas de género, de identidad étnica, y de cambio climático. En vez de exigir universalmente la supresión de las espeluznantes condiciones laborales que padecen todas las mujeres, los hombres, los homosexuales, transexuales, heterosexuales, negros, blancos, inmigrantes, autóctonos, o cualquier otro grupo, en vez de exigir que se acepten las diferencias entre los pueblos creadas por la historia, por las condiciones de vida, por el contexto socioeconómico, y por la posibilidad de acceder al poder político, entre otras cosas, los intelectuales hicieron lo contrario.

Al mantener todas las condiciones que posibilitan la opresión social y la destrucción de la naturaleza, los  activistas, intelectuales, y artistas, siguieron imponiendo cada vez más la idea de cambiarlo todo para que nada cambie.

Entonces, se denomina de manera retórica “socialismo” a las tácticas decadentes del neoliberalismo y de la postmodernidad, y su renuncia representa un regreso místico al capitalismo en toda su pureza. Los que piensan como Peterson, por lo tanto, representan la otra cara de la misma moneda. Su función consiste en proveer un discurso alternativo para que todo siga igual, es decir, teorías que, dentro del postmodernismo, se basan en medias verdades, y se personifican en la irracionalidad pura y dura, negando tanto la historia como la realidad. Son el resultado de la falta de fundamentos teóricos y políticos de la época en la que vivimos, parecen existir para solventar esta carencia, cuando la verdad es que la prolongan, la disfrazan, dándole una nueva forma. La inexistencia social de las teorías de los partidarios de Peterson demuestra su irrelevancia teórica, su carencia de profundidad y de metodología, para la sociedad contemporánea, y dentro de sus propias clases vanguardistas intelectuales y políticas. Aunque tengan un programa político muy claro, la despolitización de la sociedad y la apariencia dada a su discurso les permite salirse con la suya, como si estuvieran comunicando mensajes puramente científicos, como si eso fuera posible, como si la ciencia no estuviese siempre incrustada en la realidad política.

Como conclusión, es por esta razón que ha quedado expuesta anteriormente, que siempre insisto en la imperiosa necesidad de no disociar el contexto teórico metodológico de las luchas políticas. La forma, el contenido, el alcance, y los resultados de la izquierda contemporánea, demuestran que los movimientos de izquierda siguen rechazando la mayoría de las teorías que no imiten su concepción preconcebida del mundo, disociada del contexto socio histórico.

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