Brexit

La UE no sobrevivirá si se enroca en que todo siga como siempre

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CNN


 
Con la activación del Artículo 50 por parte de la primera ministra británica Theresa May, haciendo que el brexit sea irremediable, Europa está atrapada por dos paradojas, las cuales presentan amenazas inminentes para la Unión Europea y Gran Bretaña.
A David Cameron, el predecesor de May que perdió en el referéndum del brexit, no le faltan razones para estar perplejo ante los acontecimientos tras su derrota.
Gran Bretaña está abandonando la UE debido a su demanda de una “geometría variable”, que permitiera a Gran Bretaña desmarcarse de algunos de los principios básicos de la UE, que fue rechazada bruscamente por Berlín y, con menos contundencia, por París.
Aun así, como consecuencia directa del brexit, Berlín y París ahora están adoptando la idea de la geometría variable como el camino a seguir para la UE.
La primera paradoja es más fácil de comprender cuando se ve desde la perspectiva de la práctica habitual europea de hacer del fracaso una virtud.
Angela Merkel, la canciller de Alemania, durante años se había opuesto a la idea de una Europa que procediera a diferentes velocidades, que permitiera a algunos países estar menos integrados que otros, debido a su situación política doméstica.
Pero ahora, después de que la catastrófica gestión económica de la crisis del euro debilitara la legitimidad de la UE, dando a los euroescépticos un importante impulso, y causara que la UE llegara a un avanzado estado de desintegración, la Sra. Merkel y los otros líderes de la UE parecen pensar que una Europa de múltiples velocidades es esencial para mantener al bloque unido.
El fin de semana, cuando los líderes de la UE se reunían para celebrar el 60º aniversario del Tratado de Roma, los líderes de los 27 Estados miembros restantes firmaron la Declaración de Roma, en que se declara que “actuaremos juntos, a distintos ritmos y a distinta intensidad cuando sea necesario, mientras avanzamos en la misma dirección, como hemos hecho en el pasado”.
El fracaso a la hora de mantener a la UE unido en un único camino hacia los valores comunes, un mercado común y una moneda común será adoptado y etiquetado como un nuevo comienzo, conduciendo a una Europa con una coalición de aquellos dispuestos a proseguir con la ambición original mientras el resto forman círculos periféricos, conectados al núcleo central por vínculos no especificados.
En principio, una UE múltiple como esta permitirá a las autoproclamadas democracias iliberales del Este permanecer en el mercado único, rechazando reubicar ni siquiera a un único refugiado o a adherirse a los estándares de libertad de prensa e independencia judicial que otros países europeos consideran esenciales. Países como Austria podrán poner vallas electrificadas en sus fronteras. Incluso podrían dejar una puerta abierta a que el Reino Unido volviera como parte de uno de los círculos periféricos de Europa.
Aunque uno apruebe esta visión o no, el hecho es que todo dependerá de un requisito fundamental: una Eurozona consolidada y estable.
Basta con hacer esta afirmación para reconocer la segunda paradoja de nuestra realidad postbrexit: en su estado actual, la Eurozona no puede proporcionar la estabilidad que la UE (y Europa en general) necesita para sobrevivir.
El rechazo de tratar racionalmente con la quiebra del Estado griego es una vara de medir útil de la capacidad del establishment europeo de estabilizar la Eurozona.
En la situación actual, las expectativas de estabilidad en la Eurozona no son nada buenas. Que todo siga como siempre (la opción favorita del establishment), podría producir pronto una importante crisis en Italia a la que la Eurozona no podrá sobrevivir.
La única alternativa debatida es una Eurozona de federación ligera, con un ínfimo presupuesto común que Berlín aceptará a cambio del control directo de los presupuestos estatales de Francia, Italia y España. Incluso en este caso, muy dudoso dado el clima político, será demasiado poco y demasiado tarde para estabilizar la Eurozona.
Así que esta es la realidad a que se enfrenta hoy Europa: una auténtica federación de 27 Estados miembros es imposible, dadas las fuerzas centrífugas que están haciendo que Europa se desmorone. Mientras, una confederación de geometría variable (del tipo que David Cameron pidió y a la que el Reino Unido podría querer adherirse tras 2019) precisa una Eurozona consolidada. Pero esto también parece imposible, dado el clima actual.
Permitir a los Estados miembros de la UE que se muevan en diferentes direcciones y a diferentes velocidades es precisamente una respuesta errónea para abordar las distintas preocupaciones de los europeos que viven en diferentes países, y parece una extraña forma de unirlos en un único camino para hacer progresar el continente.
De hecho, los europeos ya están unidos por dos amenazas existenciales: el subempleo involuntario (el amargo fruto de la subinversión austeritaria) y la migración involuntaria (el resultado de la sobreconcentración de inversión en regiones específicas).
Para hacer que la Unión Europea funcione de nuevo, todo país europeo debe ser estabilizado y ayudado a prosperar.
Europa no puede sobrevivir como una batalla campal, un “sálvese quien pueda”, o como una Unión de la Austeridad construida sobre la toma de decisiones económicas despolitizada con una mera capa de federalismo en la que algunos países sean condenados a la depresión permanente y los deudores vean denegados sus derechos democráticos.
Europa, en breve, necesita un New Deal, tal vez similar al que mi organización DiEM25 desveló en Roma el fin de semana mientras las élites europeas brindaban por su geometría variable. Un New Deal que recorra el continente, abarcando todos los países independientemente de si están en la Eurozona, en la Unión Europea o en ninguna de las dos.

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